Conformación de los aplomos de los miembros del caballo

 

 

Se trata de un trabajo dogmático y de revisión sobre la perspectiva anatómica y locomotora de la conformación de los aplomos de los miembros del caballo. En el mismo, se valoran las estructuras (huesos, ligamentos o tendones) que reciben sobrecargas adicionales de apoyo o tensión, debido a una mala conformación de sus aplomos, tanto en los miembros torácicos como pelvianos. Asimismo, se valoran las alteraciones locomotoras que estas posibles malformaciones ocasionan, y se avisa sobre la importancia que cada caso tienen para la salud locomotora. De este modo se pretende advertir sobre la trascendencia que tiene, tanto en la selección como en la cría del caballo, el determinar la corrección de aplomos de sus miembros.

Según Alcolea, en mecánica animal se dice que un miembro tiene aplomo, o que está bien aplomado, cuando guarda buena posición relativamente al suelo, al cuerpo y a los miembros; seguidamente, lo matiza definiéndolo como la dirección más conveniente de los radios óseos perpendiculares, con referencia al suelo, al cuerpo del animal y a los otros radios óseos.
Desde una óptica anatómica, se trata de que los radios óseos del miembro deben converger adecuadamente en sus articulaciones, de tal modo que posibiliten la correcta transmisión de fuerzas, en ambos sentidos, por los ejes de mayor densidad ósea, repartiendo entre sus estructuras el esfuerzo equitativamente. De este modo, ninguna estructura (hueso, ligamento o músculo) realiza sobreesfuerzos debido a sobrecargas adicionales, y la ejecución de su participación resulta fácil, adecuada y sin salvar resistencias inapropiadas. Así pues, su importancia estriba en que cualquier defecto de este tipo dificulta la normalidad de movimiento, exige sobreesfuerzos adicionales y, a corto o largo plazo, lesiona las estructuras sobrecargadas, arruinando con ello la salud al caballo.
Aunque los efectos que conllevan la bondad o irregularidad de los aplomos interesan tanto en la estática como en la locomoción, dado que su observación se verifica en el apoyo, la mayoría de las consideraciones se refieren al caballo en estación, con los cuatro miembros cómodamente apoyados sobre un plano horizontal: cuadrado. Como lo que interesa es la disposición columnar, los miembros deben ser observados craneal (de frente), lateral (de perfil) o caudalmente (por detrás). Además, debemos advertir que durante el crecimiento, antes de obligar al caballo a comenzar el trabajo de doma, resultan susceptibles de corregir o atenuar algunos de estos defectos.
Por último, reseñar que en el aplomo sólo interesa la parte del miembro que tiene independencia del tronco, y por tanto aquella que queda individualizada como extremo libre o extremidad propiamente dicha. Esto es, en el miembro torácico a partir del codo, y en el pelviano desde el muslo, aunque es a partir de la babilla cuando merece mayor atención.

Incidencias en el apoyo

MIEMBRO TORÁCICO

Aplomos sobre el plano transverso (vista craneal o de frente, fotografías 1 y 2)

Fotografía 1
Aplomos del miembro torácico sobre el plano transverso, vista frontal.
a. Aplomo normal,
b. Abierto de delante,
c. Cerrado de delante,
d. Estevado,
e. Hueco de rodillas,
f. Izquierdo.

Fotografía 2
Vista craneal del caballo para observar la verticalidad natural (aplomo) de sus miembros torácicos.

Los textos clásicos definen este aplomo como la plomada o línea vertical que parte del encuentro que ha de dividir el miembro en dos partes iguales. La articulación del codo, su punto axial (central), igualmente sirve como referencia de verticalidad y divide al resto del miembro en dos partes iguales.
Pues bien, según los cánones, los miembros aplomados en estación deben separarse entre sí la anchura del propio casco (distancia entre las cuartas partes del mismo). Para que esto suceda, los miembros han de ser rigurosamente verticales desde el antebrazo al suelo. Todo lo que se aleja de dicha conformación, en mayor o menor medida, falseará lo que convencionalmente se conoce como el aplomo y con ello compromete alguna/s estructura/s, tanto en el apoyo como en la locomoción.
En la fotografía 1, de b a f, se expresan los defectos de aplomo de este apartado.
Cuando el caballo es abierto de delante, teóricamente aumenta su estabilidad, puesto que se incrementa en el apoyo la base de sustentación; sin embargo se ve condicionada su locomoción, especialmente en marchas rápidas, dado que esta conformación genera movimientos de cuneo.
En los casos en que se falsea este tipo de aplomo, las estructuras mediales del miembro ven incrementado su esfuerzo al recaer sobre ellas un mayor componente gravitatorio. Así, nos parecen especialmente expuestos en ambos miembros los huesos carporradial, primero, segundo y tercer carpianos, y el metacarpiano II. Para compensar el apoyo simultáneamente se ven sometidos a una mayor tensión, entre otros, el ligamento colateral lateral del carpo. Asimismo, aparecen sobrecargados en la articulación del menudillo el hueso sesamoideo proximal medial y los ligamentos con él relacionados. Por último, el cartílago ungular medial, sus ligamentos (codroungular, condrocoronario y condrocompedal), así como el talón y cuartas partes mediales del casco, resultan especialmente comprometidos. En estos casos en el herrado se recomienda arreglar la parte colateral lateral: rebajar exteriormente.
Cuando es cerrado de delante, la base de sustentación está disminuida y el equilibrio es poco estable, exigiendo por ello unos mayores esfuerzos musculares compensatorios para mantener su actuación postural. Esta conformación determina que se sobrecarguen las estructuras laterales y se tensen compensatoriamente los ligamentos colaterales mediales. De este modo se exponen todos ellos (huesos carpocubital y cuarto carpiano, ligamentos relacionados con el hueso accesorio y metacarpiano II, y del ligamento colateral medial del carpo, y otras estructuras del dedo) a un sobresfuerzo adicional, tanto en la estática como en la locomoción. Dado que el apoyo prevalece sobre la superficie colateral lateral (externa) del casco, en el momento del herrado debemos rebajar ligeramente su superficie colateral medial (interna).
El estevado puede tener su origen desde las porciones proximales del miembro, aunque lo más usual es que se produzca a partir del menudillo. En ambos casos (cerrado y estevado), el movimiento del miembro durante el vuelo tiende a separarse de la línea media de la marcha y busca el apoyo próximo a la misma; por ello, en la locomoción, el avance del miembro tiene tendencia a realizar movimientos de siega.
En los casos en que la situación del dedo se produce hacia el exterior, este defecto de aplomo se denomina -zquierdo. Tipo de apoyo que, a pesar de ser una conformación poco deseable, genera menos consecuencias, al menos locomotoras, que las precedentes y otras. La desviación se produce a partir del menudillo, izquierdo propiamente dicho. Este defecto puede ser uni o bilateral.
Sin restarle la importancia de comprometer con el tiempo las estructuras mediales alojadas en el casco, a modo de ejemplo para confirmar su escasa trascencendencia en la locomoción, vale referir que son conocidos casos de caballos izquierdos con grandes rendimientos en el hipódromo.
Por hueco de rodilla se asigna una desviación del carpo hacia el exterior, en su vista sobre el plano transverso correspondiente. Puede ir acompañado de una presentación distal cerrado de delante y/o estevado. Esta constitución supone una desituación compensatoria de la vertical del antebrazo (radio) y del metacarpo. Además, causa aumentos de tensión sobre la superficie lateral del miembro, particularmente sobre el ligamento colateral lateral del carpo; asimismo, se produce un incremento de las fuerzas gravitatorias sobre las superficies mediales articulares y, por tanto, en los huesos y ligamentos mediales del carpo.
Otra desviación lateral de la región puede deberse a la desituación. mayoritariamente congénita, del extremo proximal del metacarpo. En estos casos el metacarpiano III se desvía lateralmente y se sobrecarga de modo especial el metacarpiano II; con ello aumentan las posibilidades de fracturas de este último metacarpiano (interno), así como la aparición sobre el mismo de exóstosis.
En el zambo de rodillas la desviación medial del extremo distal del radio y la subsiguiente compensación lateral del metacarpo llevan a la desviación medial (interna) del carpo; con ello se incrementa la tensión del ligamento colateral medial y por su superficie lateral los huesos y articulaciones del carpo reciben una mayor compresión gravitatoria.

Aplomos sobre el plano mediano (vista lateral o de perfil, fotografía 3)

Fotografía 3
Aplomos del miembro torácico sobre el plano mediano, vista lateral.
a. Aplomo normal.
b. Plantado de delante.
c. Remetido de brazos.
d. Largo de cuartilla.
e. Emballestado.
f. Corvo.
g. Trascorbo.

La plomada o línea vertical se traza desde la parte más saliente del encuentro y debe tocar el suelo, según los cánones clásicos, unos diez centímetros por delante de la lumbre. Claro que si nos apoyamos en la porción craneal del tubérculo mayor del húmero (referencia esquelética visible) su vertical coincidirá con la propia lumbre. Asimismo, pueden tomarse como referencia de trazado el centro de la articulación del codo; en este caso la vertical dividirá en dos partes iguales al antebrazo, carpo, metacarpo y articulación metacarpofalangiana, y será tangente el talón. También se toman como referencia, para verificar la verticalidad de la extremidad, la tuberosidad del olécranon (punta del codo); entonces la plomada ha de quedar detrás de los talones a una distancia que la marca la longitud del propio casco.
En la fotografía 3, se adjunta el aplomo deseado (a) y sus defectos, (b) a (g).
Cuando es delantero o plantado de delante o manos, se aumenta la base de sustentación, por lo que el caballo en el apoyo resulta más estable; sin embargo, pierde capacidad de velocidad al exigir en la protracción (oscilación craneal) una mayor acción flexora del miembro.
Este tipo de apoyo lleva al caballo a presentar signos de fatiga, deterioro y sufrimiento especialmente en los talones y tendones flexores de los miembros torácicos, así como en los tarsos de los pelvianos, al verse todos ellos sobrecargados. Además, las articulaciones metacarpofalangiana e interfalangiana proximal, expresan un ángulo más abierto del habitual.
En cualquier caso, debe prevenirse del hecho de que esta presentación, plantado, no sea tan sólo una postura defensiva para paliar el dolor de algún padecimiento (enfermedades del navicular y otras de apoyo), evitando así el peso natural sobre sus miembros.
Remetido de brazos o que está sobre las manos: los miembros se sitúan caudalmente a las referencias de aplomo. En este caso, la base de sustentación se encuentra disminuida y el equilibrio es más precario, mostrando el caballo una tendencia a caer hacia delante y sus manos se ven sobrecargadas de peso. La marcha es poco segura, resulta rasante al suelo y la propia dificultad de avance de los miembros torácicos les hace especialmente propensos a sufrir alcances desde los pelvianos.
Este defecto es más grave que el precedente, al menos para el caballo de silla, pues el de enganche puede encontrar apoyo en el collarón. La marcha ocasiona excesivo deterioro y fatiga para huesos, ligamentos y tendones (especialmente extensores). Existe disminución de la velocidad y el caballo está predispuesto a tropezar. Por último, advertir que el caballo adopta posturas de este tipo para compensar enfermedades que afectan a los miembros pelvianos.
Se denomina corvo o bracicorto cuando los carpos quedan dorsalmente (por delante) a la perpendicular que deberá dividir por la mitad a antebrazo, carpo, metacarpo y menudillo. Con ello no se expresan verticales ni el radio ni el metacarpo.
La conformación expuesta resulta antiestética y predispone durante la marcha al alcance. Sin embargo, favorece la pervivencia de los tendones flexores de las falanges, pues la tensión, la fatiga y el riesgo de lesiones de los flexores son siempre menores en el caballo bracicorto. A la vez, provoca tensión de los músculos flexores del carpo y afecta también al extremo distal del radio, huesos y ligamentos carpianos de la cara palmar; los ligamentos dorsales del carpo y los tendones extensores del dedo sufren excesiva tensión.
Dicha malformación no es infrecuente al nacimiento, hecho que suele desaparecer antes de los tres meses de edad; en este caso, su presentación es siempre bilateral.
La desviación palmar del carpo (detrás de la línea de aplomo, desde el codo) trascorvo, resulta poco aparente. Como en el caso precedente de corvo, el metacarpo y el propio radio, al compensar la dirección de esta malformación carpiana, no siguen la verticalidad deseada.
Además de provocar exceso de tensión en los ligamentos relacionados con el hueso accesorio (accesoriocubital, accesoriocarpocubital, accesoriocuartal y accesoriometacarpiano) y ligamentos palmares carpianos, distiende las membranas palmares de las articulaciones carpianas, genera compresión de la superficie dorsal de los huesos carpianos (intermedio y/o tercer carpiano) e incluso del propio radio; ello predispone a estos huesos a sufrir pequeñas fracturas, así como exóstosis en los huesos de la cara palmar, tanto carpianos como metacarpianos.

Aplomo sobre el plano transverso (vista caudal)
La visión por la cara caudal del miembro torácico aporta escasa claridad sobre la determinación de su aplomo, pues la superposición de los pelvianos en la línea de observación, dificulta la inspección.
No obstante, permite confirmar los resultados obtenidos sobre el dedo desde otras situaciones, especialmente respecto a posibles desviaciones del propio dedo (izquierdo, estevado) o la de apoyos asimétricos del casco mediante sus talones.

MIEMBRO PELVIANO
En el caso del miembro pelviano, la observación de su aplomo interesa desde una región más próxima que el miembro torácico, dado que su entronque ahora se hace sobre la pelvis. No obstante, las consideraciones que merecen el muslo y la babilla, dada la gran masa osteomuscular que las constituyen, resultan limitadas para nuestros fines. En cualquier caso, la línea de plomada se traza, real o imaginariamente, desde puntos proximales, concretamente a partir del trocánter mayor -articulación de la cadera-, y desde la tuberosidad isquiática (punta de la nalga) (fotografía 5).

Fotografía 5
Vista caudalateral de los miembros pelvianos. La cola está recogida para observar mejor las nalgas, muslos, piernas, tarsos (corvejones), metatarsos y dedos.

Aplomos sobre el plano mediano (vista lateral o de perfil, fotografía 6)

Fotografía 6
Aplomos del miembro pelviano sobre el plano transverso, vista caudal.
a. Aplomo normal.
b. Zancajoso e Izquierdo.
c. Hueco de corvejones y estevado.

Las referencias son: el trocánter mayor, referencia palpable, que proyecta la articulación de la cadera, y la tuberosidad isquiática. referencia visible.
Desde el trocánter mayor, la plomada pasa por la mitad de la región de la pierna y cae sobre el casco por delante de los talones, por tanto, el tarso, metatarso y menudillo son paralelos a la plomada, aunque situados caudalmente a la misma.
Mayor uso se tiene de la línea trazada a partir de la tuberosidad isquiática (punta de la nalga); ésta debe resultar tangente a la tuberosidad calcánea (punta del corvejón) y continuar igualmente por la superficie plantar del tarso, metatarso y menudillo, terminando en el suelo a 8-10 cm, caudal a los talones.
Otra plomada de utilidad es la trazada desde el borde craneal de la babilla, la cual llega al suelo por delante de la lumbre, en cuyo caso todas las partes del miembro deben quedar caudalmente a la misma. En la fotografía 4, se adjunta el aplomo normal y sus defectos.
Se denomina remetido de piernas o que está sobre las posteriores, cuando el casco se sitúa por delante de la posición natural de las verticales anteriormente referidas, es decir, los miembros se sitúan en mayor o menor grado debajo de la masa corporal. Ello conlleva a que los radios óseos del miembro adquieran una dirección no deseable (cierre del ángulo articular del tarso y en correspondencia se modifica el de la articulación de la rodilla). El miembro en el aplomo en esta situación soporta mayor cantidad de peso corporal.
El caballo remetido no puede ejecutar correctamente la impulsión, por lo que se ralentiza y dificulta la locomoción. Por otra parte, ocasiona que compense la marcha flexionando los radios óseos de los miembros torácicos en su afianzamiento hacia el suelo y, ante el obstáculo, su batida resulta inapropiada. Esta conformación sobrecarga especialmente el ligamento plantar del tarso, y hace propenso al caballo a padecimientos de esparavanes.
Por otro lado, cabe advertir que en caso de padecer dolores intensos de los miembros torácicos, el caballo se alivia posturalmente metiendo de forma espontánea los miembros pelvianos; con ello adopta una actitud del tipo que describimos.
En cuanto a la creencia de algunos aficionados acerca de que esta posición de remetidos facilita la impulsión, debemos significar que es totalmente errónea, pues el caballo con esta conformación debe realizar en primera instancia el sobreesfuerzo de elevar un mayor peso del que naturalmente le corresponde, para seguidamente ejecutar la propulsión. Por tanto, una cosa es remeter bien los posteriores, deseable en el caballo de deporte, y otra tener una conformación de remetido.
El caso opuesto se denomina plantado de atrás, y resulta un defecto grave, cuando es muy pronunciado. El caballo, coloca los miembros por detrás de su línea natural de aplomo, con lo que se aumenta la base de sustentación. En esta situación, los miembros pelvianos no pueden ejecutar con la energía y extensión necesarias el empuje (impulsión) del cuerpo; además los miembros torácicos se ven sobrecargados y las marchas resultan lentas y difíciles.
En este tipo de aplomo suelen presentarse los tarsos rectos y excesivamente abiertos, circunstancia que produce gran tensión sobre la cara dorsal de la cápsula articular del tarso (pliegue del corvejón), irritación de la membrana y distensión crónica de su cápsula, y con ello propensión a padecer esparavanes.

Aplomo sobre el plano transverso (visto caudalmente o desde atrás, fotografía 6)
El observador se coloca 4 ó 5 metros detrás del caballo y, para comprobar la colocación de los miembros, traza imaginariamente el aplomo desde las tuberosidades isquiáticas (puntas de las nalgas). Ambas líneas verticales deben concluir sobre las tuberosidades calcáneas (puntas de los corvejones) y dividir por la mitad al tarso, metatarso y menudillo, así como el propio casco. El muslo y la pierna también deben dar sensación de verticalidad, pero dado el amplio desarrollo de las musculaturas de estas regiones para ser apreciadas, las mitades colaterales laterales de las mismas, especialmente del muslo, deben presentar mayor grosor que sus mitades colaterales mediales.
Cuando al observar caudalmente al caballo las líneas de aplomo de referencia quedan por dentro de los miembros, se dice que está abierto de atrás, Por ello, los miembros se muestran alejados del plano mediano, es decir, en mayor o menor medida, los tarsos, metatarsos y menudillo se separan, exteriormente, de la línea vertical de aplomo y los cascos apoyan distantes entre sí.
En esta situación, en el apoyo los radios óseos se alejan de la dirección deseada. Con ello se aumenta el plano de sustentación, por lo que resultan más estables en la estación, sin embargo, la locomoción pierde velocidad y expresa en sus apoyos movimientos de cuneo.
Con estos aplomos las estructuras mediales del miembro (huesos tarsianos central, primero y segundo, tercero y metatarsiano II) están sobrecargadas y los ligamentos colaterales laterales padecen una tensión indebida. Estos hechos son más acusados en las porciones distales del miembro; de ahí que el sesamoideo proximal medial y muy especialmente el talón, cartílago ungular medial y sus ligamentos, sean los más expuestos a lesión.
En cualquier caso, no es raro encontrar al caballo trotador de competición, abierto de atrás.
En el caballo hueco de corvejones los tarsos son las únicas regiones que se separan, exteriormente, de la línea de aplomada, quedando por ello las tuberosidades calcáneas (puntas de los corvejones) muy separados entre sí. Sin embargo, la porción distal del miembro trata de compensar esta desituación de los tarsos aproximando sus apoyos, los cascos, al plano mediano. Con ello, los metatarsos resultan oblicuos, y también se ve modificada la posición natural de los menudillos. En la mayoría de estos casos, en el apoyo las lumbres de los cascos se orientan hacia el plano mediano (estevado).
Este tipo de malformación, como la anterior, obliga al caballo a ejecutar la locomoción con dificultad, expresándose en las marchas de forma indeseada. Su velocidad se relantiza y sus articulaciones, especialmente las del tarso y el propio menudillo, sufren en su actuación funcional.
Cerrado de atrás, trata de una aproximación de los miembros pelvianos al plano mediano que suele coincidir con caballos estrechos de grupa y debilidad en el muslo, pierna y tarso. Su principal inconveniente es la imposibilidad del caballo de, con este aplomo, efectuar bien el impulso del miembro, lo que le impide adquirir velocidad en sus aires y poder sostener las marchas con energía durante tiempo prolongado.
En este caso, las articulaciones se sobrecargan en sus superficies laterales (externas) y son propensos a sufrir heridas en la cara medial (interna) del metatarso y menudillo. Cuando el caballo cuenta con una buena conformación de los miembros torácicos y es cerrado de atrás, pueden ocurrir muchos tipos de interferencias (alcances, heridas, etc.) entre ambos pares de miembros.
Se denomina zancajoso del caballo cuyas tuberosidades calcáneas (puntas de corvejones) quedan por dentro de la línea de plomada y, por tanto, próximos entre sí. Sin embargo, en posición de apoyo los cascos se sitúan separados del plano mediano, y en la mayoría de los casos, orienta los talones de los cascos hacia el plano mediano (izquierdo).
Es uno de los defectos más frecuentes, y también de los de peor pronósticos para las aptitudes del équido, debido a las tensiones que sufre la cara medial del tarso, lo cual le predispone al padecimiento de esparavanes.

EL DEDO
La conformación del dedo y las posibles modificaciones que produce el herrado, son importantes para el apoyo del miembro. Además, su observación lateral proporciona muchos datos de interés de ahí que nos detengamos en este apartado en su consideración.
Largo de cuartilla, tanto el aumento de longitud de las falanges como el de inclinación de la articulación del menudillo, o ambos casos, llevan a elevar la potencia que se produce sobre el menudillo en el apoyo, y al mismo tiempo, ocasionan una disminución de la resistencia en el extremo del miembro. De este modo, el tendón flexor digital profundo se ve sobrecargado, al tener que soportar él solo todo el trabajo que en condiciones normales se reparten los tendones flexores (interóseo y flexores digitales profundo y superficial). Ello se explica al hallarse, en esta situación, distendidas las inserciones del flexor digital superficial (colas de inserción en la articulación interfalangiana proximal), y estar igualmente distendido el tendón interóseo (ligamento suspensor del menudillo), por lo que tampoco éste actúa eficazmente sobre la articulación; de ahí que la suspensión de esta articulación la soporta en mayor medida el flexor digital profundo.
En estas circunstancias los menudillos resultan flexibles y, con ello, cómodos para la silla, de ahí que a veces se desee este caballo como lujo en paradas y para aquellos que han de tener una utilización espaciada. No obstante, el caballo afectado se encuentra predispuesto a alcances en la marcha, a sufrir lesiones del tendón flexor digital profundo, así como artritis metacarpofalangianas.
Esta incorrección en el apoyo puede producirse también por rebajar en exceso los talones, pues con ello se prolonga el casco (largo de lumbres), o bien como consecuencia de aplicar una herradura larga y/o gruesa de lumbres.
Por otra parte, en el emballestado, corto de cuartilla o ambas incidencias se ve disminuida la potencia que soportan los huesos sesamoideos proximales e incrementada la resistencia que transmite la verticalidad del miembro. Con ello los tendones interóseo y del flexor digital superficial, son los sobrecargados; sin embargo, el flexor digital profundo en este caso, se halla distendido y por ello poco comprometido con el apoyo.
Cuando el casco es alto de talones, se recortan en exceso la lumbre, o se aplica una herradura de callos gruesos o con ramplones, se producen parecidas condiciones a este defecto de conformación.
Ni qué decir tiene que tanto rebajar los talones, el uso de herraduras largas de lumbres, o bien el recorte de la lumbre y el uso de callos o ramplones, la mayoría de ocasiones se realiza intencionadamente como actuación ortopédica en el herrado.
De lo anteriormente expuesto, también podría pensarse que mediante un herrado ortopédico se puede aspirar a paliar o corregir algunos de los defectos de aplomo, no obstante esto sólo es posible cuando se incide sobre defectos del propio dedo. Si el defecto proviene de regiones proximales, la actuación correctora produce poca incidencia en la mejora del aplomo, pues el propio menudillo y en especial las articulaciones interfalangianas proximal y distal (que desitúan compensatoriamente sus líneas articulares), se encargan de absorber las acciones aplicadas con aquel objetivo.
Complementaria puede resultar la observación de la cara, palmar del casco, una vez levantando la mano con vistas a inspeccionar la regularidad de su superficie de apoyo, la separación deseable de los talones, así como la correcta conformación de la cuña córnea. En cualquier caso, el casco por la cara palmar (solear) ha de ser tan ancho como largo, y una línea trazada desde la hendidura que separa los pulpejos al centro de la lumbre, deberá pasar por la mitad de la cuña córnea y dividir la superficie de apoyo en dos partes iguales.

Incidencias de los aplomos en la locomoción
Al tratar cada una de las incorrecciones en el apoyo hemos incluido algunos de los aspectos más significativos que desencadenan estos aplomos en la locomoción. Así, se ha hecho referencia a movimientos de cuneo (abierto de delante o de atrás), de siega, (cerrado o estevado), o bien terrero (remetido de brazos). Así pues la locomoción también se ve modificada, como resultado de tratar de compensar durante la marcha su mala conformación. En estos casos, los miembros durante el vuelo sobrepasan el plano mediano o se lateralizan y seguidamente compensan este balanceo al buscar su apoyo lejos de dichos planos, sobrepasando en la marcha lateral o medial la huella natural de pisada. Con ello trasladan de un lado a otro ambos miembros torácicos, como si se mecieran, cuneo, o producen una abducción exagerada, siega, pudiendo durante estas acciones, tropezar con el miembro contralateral.
Estos hechos se denotan con mayor intensidad cuando se exige velocidad en la marcha, cuando el caballo experimenta cansancio o bien como muestra de debilidad física (por razones de edad, estado físico, crecimiento y otros). De ahí que no se recomiende este tipo de caballos para servicios que obligan a marchas rápidas.
Pues bien, todo ello nos permite ahora tratar de forma sucinta las consideraciones que se evidencian en la marcha. En este sentido, conviene advertir que, aunque la observación del aplomo se hace en la estación, y que esta situación postural condiciona algunas de las estructuras a sobreesfuerzos funcionales, es en la locomoción donde mayor riesgo de lesiones provoca.
Adviértase que en el aplomo el peso está compartido entre los miembros intervinientes: cuatro (o tres, en descanso rotatorio); mientras que en la locomoción siempre se suceden momentos en que todo el peso incide sobre uno, dos o tres miembros, por lo que el riesgo se incrementa no sólo por el peso que soporta, sino también por la velocidad adquirida en cada aire, que obliga a los tendones musculares a desatender funciones protectoras compensatorias.
Para inspeccionar las posibles irregularidades en la locomoción es necesario hacer que marche el caballo en línea recta, tanto hacia el observador, vista craneal, como en sentido opuesto, vista caudal. Asimismo, merece su observación lateralmente, de modo que se podrá determinar si es izquierdo o estevado en la marcha, si cruza, si el caballo es terrero, o bien realiza movimientos de cuneo o siega, especialmente los torácicos, o arpea (los pelvianos), si el caballo tropieza, se alcanza, se forja, etc.
En este sentido cabe destacar que un caballo bien aplomado marcha en línea, o lo que es igual, flexiona y extiende las articulaciones de sus miembros en sentido paralelo al plano mediano. Las huellas que sus cascos dejan en el suelo son igualmente paralelas y en la observación craneal o caudal los miembros torácicos tapan a los pelvianos y viceversa.
Por otra parte, al observarlo desde su vista lateral, se pueden detectar elevaciones regulares de sus miembros, especialmente los torácicos, describiendo en su trayectoria una curva, cuyo punto más elevado del arco que dibuja su curso resulta ser la perpendicular trazada en la mitad de la cuerda. Por último, referir que un pie antes de elevarse oscila sobre su lumbre y abandona el suelo cuando esta oscilación ha terminado.
La falta de aplomo del dedo acarrea irremisiblemente desigualdades en la repartición del peso, y, como consecuencia, unas estructuras sufren mayores presiones y/o tensiones que otras. Para paliar el sufrimiento de aquéllas, el caballo calcula sus movimientos y por ello provoca actitudes compensatorias de sus apoyos, como marchar ancho cuando es izquierdo, y estrecho cuando lo es estevado. Ahora bien, el caballo puede ordenar el juego de sus miembros tan sólo de forma limitada, casi siempre insuficiente para compensar o remediar estas irregularidades biomecánicas que acontecen sobre algunas de sus estructuras. De ahí que se recomienda que las actuaciones ortopédicas sean limitadas, siendo acertada la sentencia que hacen suya los buenos herradores: el aplomo del pie debe estar siempre en armonía con el miembro.
Por último, referirnos a la altura relativa de sus talones y longitud de sus lumbres, factores asimismo influyentes sobre la regularidad de la marcha. Así, cuando los talones son bajos y la lumbre larga, el casco en su elevación no describe con corrección la curva de avance, pues el pie se eleva rápidamente y baja con lentitud; lo contrario ocurre cuando el pie es topino o se recorta mucho de lumbres conservando los talones, en cuyo caso se levanta lentamente y desciende de modo brusco. En dichas situaciones, los puntos más elevados de la trayectoria se sitúan, respectivamente, en la perpendicular por detrás o por delante de la mitad del arco que describen.