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Dos de las enfermedades dérmicas infecciosas más graves que pueden afectar a quelonios son la enfermedad ulcerativa cutánea y la ulcerativa del caparazón. En cautividad, son las condiciones de manejo inadecuadas las que habitualmente predisponen a su aparición.
Enfermedad ulcerativa cutánea
La enfermedad ulcerativa cutánea es un proceso bacteriano descrito en tortugas, principalmente acuáticas, caracterizado, obviamente, por ulceración cutánea que puede progresar hasta el caparazón, acompañada de otra serie de signos inespecíficos (fotografías 1, 2 y 3).
CAUSAS
Parece que puede considerarse la causa desencadenante del proceso la infestación por Citrobacter freundii, que forma parte de la flora intestinal de muchos animales. Se aísla con facilidad del intestino y excrementos de quelonios sanos. Es también común aislarlo de abscesos, estomatitis infecciosa, infecciones del aparato respiratorio y septicemia, así como en agua y suelo; además, este microorganismo es de muy fácil crecimiento.
Pueden resumirse en cinco las causas predisponentes:
LA ESPECIE DE TORTUGA
Si bien puede afectar tanto a terrestres como a acuáticas, la incidencia es mayor en estas últimas, y sobre todo, en las de caparazón blando.
EDAD
Parecen verse afectadas en mayor medida las tortugas jóvenes.
CONTAMINACIÓN A PARTIR DE AGUAS SUCIAS Y EXCREMENTOS
Es decir, animales mantenidos en deficientes condiciones higiénicas.
INMUNOSUPRESIÓN DEL HOSPEDADOR
Ésta puede, a su vez, venir motivada por cuatro factores:
- Mala adaptación o período de adaptación escaso a cautividad.
- Bajas temperaturas.
- Alimentación deficiente.
- Superpoblación. Que da lugar a peleas y como consecuencia, heridas en frecuentes ocasiones.
HERIDAS O EROSIONES CUTÁNEAS
También debidas, en la mayoría de los casos, a manejos incorrectos (acuarios o terrarios con puntos peligrosos, roce con el tanque, etc).
Ciertos autores citan a las especies del Género Serratia (S. Marcescens, S. Liquefaciens) como sinérgicas, y al actuar conjuntamente con C. Freundii facilitan la entrada de éste. Existe otra larga lista de agentes microbianos aislados en cultivos de animales afectados por este proceso, y otros patógenos que podrían causar signos y lesiones similares.
Diagnóstico
Su veterinario diagnosticará la enfermedad observando el cuadro lesional y, si lo considera adecuado, mediante cultivos a partir de muestras procedentes de raspado de las zona.
Síntomas
Inicialmente la enfermedad cursa con letargia, pérdida de tono muscular, anorexia y parálisis de los miembros. Si persiste el cuadro, la ulceración y progresiva necrosis provocarán pérdida de escamas (incluso las córneas de la apertura de la boca) y uñas, e incluso de miembros enteros.
La invasión de estructuras más profundas desemboca en una septicemia generalizada, afectando a todos los órganos parenquimáticos, especialmente al hígado. Como consecuencia de la citada septicemia o descarga general puede, en ciertas ocasiones, sobrevenir la muerte.
Lesiones
Las lesiones aparecen preferentemente en la cabeza, y en el caparazón se producen manchas blancas; son necrosis locales de tejido, con tendencia a extenderse, debajo de las cuales aparece el tejido sangrante. Las citadas lesiones varían desde congestión de piel hasta pequeñas hemorragias, petequias y ulceraciones. Posteriormente las lesiones se localizan en cola y extremidades, pero pueden llegar a afectar a cuello y ojos, sobre todo a párpados, en estados avanzados.
Sin embargo, las lesiones más características de esta enfermedad infecciosa son las úlceras crateriformes, de borde irregular, a menudo rellenas de desechos de tejidos necróticos. Pueden ser aisladas o múltiples.
En las crías, el diámetro oscilará entre 1-6 mm, siendo incluso de más de 5 cm en animales adultos.
Tratamiento
Su veterinario le administrará antibióticos adecuados y la dosis correcta para tratar esta enfermedad. Su veterinario también podrá optar por efectuar baños o aplicaciones tópicas de antisépticos; él le indicará cómo, con qué frecuencia y cuántas veces administrar el antiséptico.
Es recomendable, bajo nuestro punto de vista, que la alimentación se realice en un tanque aparte para evitar la contaminación por los restos de comida o por si el animal, eventualmente, defeca; por ello, la tortuga solamente accederá al agua el tiempo suficiente para alimentarse y defecar.
En función de la evolución del caso particular, su veterinario puede optar por incluir también por alguna de las siguientes medidas:
1. Alimentación forzada mediante sonda basada en papillas para el caso de animales con anorexia y adelgazamiento.
2. Suero.
3. Aplicación de vitaminas A y C parenteralmente.
Pronóstico
El pronóstico es favorable si se actúa en estadíos poco avanzados de la enfermedad. En caso contrario, puede ocasionar la muerte del animal.
Cómo evitar la enfermedad
La prevención pasa por combatir los factores que pueden originar el proceso, es decir, al igual que sucede en la mayoría de los problemas que surgen con los animales salvajes mantenidos en cautividad, la causa última reside en un mal manejo.
Por tanto se debería:
- Lograr mantener una perfecta higiene del acuario o acuaterrario. Resulta de gran ayuda en este sentido la adición de 13 gr/l de sal en el acuario.
- Proporcionar unas adecuadas condiciones ambientales de luz, humedad, sustrato y temperatura, al igual que un correcto suministro alimentario.
- Evitar la superpoblación en el acuario, así como el mantenimiento de especies incompatibles en el mismo recinto.
- Someter a cuarentena a los animales nuevos. Aislamiento de los individuos enfermos. Todos los animales de un mismo acuario en el que se detecte la enfermedad deberían ser tratados, aun si no presentan síntomas.
Enfermedad ulcerativa del caparazón
La enfermedad ulcerativa del caparazón es un proceso altamente contagioso de causa bacteriana y/o fúngica principalmente, aunque puede provocarse también por algas o ácaros actuando junto con los primeros dos tipos de agentes.
Afecta fundamentalmente a quelonios acuáticos, sobre todo a los de caparazón blando. El cuadro lesional macroscópico (a simple vista) se define casi en exclusiva por úlceras, tanto en el plastrón como en el caparazón. Al contrario que la enfermedad ulcerativa cutánea, este proceso ha sido observado con cierta frecuencia en estado natural (fotografías 4 y 5).
Causas
Las causas predisponentes, de tipo genérico, son básicamente las mismas que para la enfermedad ulcerativa; éstas son:
ESPECIE DE TORTUGA
Si bien también se ven afectadas las especies terrestres, el proceso tiene mayor incidencia en las acuáticas y afecta sobremanera a las de caparazón blando.
CONTAMINACIÓN DEL AGUA
Un excesivo aporte de materia orgánica al agua, tanto en condiciones naturales como en cautividad, favorece la proliferación de algas (eutrofización). De esta manera encuentran también una puerta de entrada las bacterias.
INMUNOSUPRESIÓN DEL HOSPEDADOR
Secundaria en la mayoría de las ocasiones a estrés. Se desencadenará por las mismas causas expuestas más arriba:
- Mala adaptación.
- Superpoblación.
- Alimentación deficiente o insuficiente.
- Escasa higiene. Agua sucia, con acúmulo de restos de comida o heces; excesiva humedad en especies terrestres.
- Inadecuadas condiciones de mantenimiento: luz, humedad, sustrato y temperatura.
- Heridas persistentes incorrectamente tratadas.
EMPLEO DE CRUSTÁCEOS COMO FUENTE DE ALIMENTACIÓN
Eventualmente se puede presentar el proceso por contaminación de los crustáceos, al actuar éstos como reservorios de Beneckea chitinivora. Los crustáceos en los que se ha aislado son el camarón de río y Gammarus spp. en agua dulce, y langostas, cangrejos y langostinos en agua salada.
En ambas enfermedades, incluso tras su debridado, al permanecer los animales en seco, atraen las lesiones a dípteros que pudieran depositar en ellas sus huevos. Por ello, es prudente preservar a los quelonios de los insectos mediante redes o permetrinas.
Como ya se ha dicho, podemos aislar hasta los cuatro agentes etiológicos en un mismo animal en función del desarrollo y gravedad del cuadro.
En especies terrestres, después de la hibernación, si ésta no se dio en las circunstancias adecuadas, se produce inmunosupresión que permite la entrada de microorganismos queratinolíticos.
De los casos atendidos por nosotros, la mayoría se debieron a procesos exclusivamente bacterianos, provocados por deficientes condiciones de higiene a las que se sumaba la superpoblación, que daba lugar a enfrentamientos, y como consecuencia, heridas.
Diagnóstico
Su veterinario diagnosticará la enfermedad observando el cuadro lesional y, si lo considera adecuado, mediante cultivos a partir de muestras procedentes de raspado de las zonas, antibiogramas y, para el caso de hongos, también puede intentarse la observación directa en microscopio.
Síntomas
En general no apreciaremos síntomas muy evidentes salvo, en procesos ya avanzados, inapetencia que evoluciona a anorexia y letargia. En ciertos casos puede sobrevenir la muerte.
De no tratarse correctamente, a medida que la enfermedad avanza, va diseminándose por todo el caparazón, confluyendo las lesiones, que incrementan tanto su superficie como su profundidad.
Las lesiones afectan al aspecto externo del individuo. Incluso se aprecian cambios de pigmentación, decoloración, y en los casos más graves, severas alteraciones del caparazón.
Tratamiento
Su veterinario limpiará adecuadamente las heridas, le administrará los medicamentos adecuados para la resolución del problema y le indicará las medidas adecuadas de manejo.
Pronóstico
Detectado el proceso en fases tempranas es atajable, si bien requiere mucha dedicación y paciencia, ya que en numerosas ocasiones los tratamientos son largos y complicados de realizar.
Profilaxis
Como siempre, unas condiciones adecuadas de manejo evitarán la aparición de enfermedades al igual que la cuarentena, ambiente y alimentación correctos, extremar la higiene, evitar la superpoblación, aislamiento de animales enfermos, rehusar la alimentación a partir de crustáceos, etc. |