Las conjuntivitis en los perros y en los gatos

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¿Qué es una conjuntivitis
Como su nombre indica, conjuntivitis se refiere a la inflamación de la conjuntiva, y es una de las patologías oculares que aparece con mayor frecuencia en los perros y en los gatos. La conjuntiva es la membrana mucosa que tapiza la cara interna del párpado superior e inferior (fotografía 1; Conjuntiva normal que recubre el párpado inferior y el párpado superior), así como la cara externa e interna de una estructura denominada tercer párpado o membrana nictitante, presente en nuestros animales domésticos pero no en las personas (fotografía 2; Conjuntiva normal que recubre el tercer párpado). Por último la conjuntiva también recubre la parte más externa del globo ocular (esclerótica) (fotografía 3; Conjuntiva normal que recubre la zona más externa del ojo (esclerótica).
La conjuntiva presenta normalmente un color rosáceo/rojizo (fotografías 1 y 2), a excepción de la que cubre la esclerótica, que debe ser prácticamente transparente, lo que le confiere un aspecto blanquecino debido a que permite la visualización del color de la esclerótica (fotografía 3).
En la conjuntiva habita normalmente una flora microbiológica que, en condiciones normales, no origina ningún trastorno patológico, ya que los mecanismos defensivos de la superficie ocular son muy eficaces. Sin embargo, ante determinadas situaciones (ej. traumatismos, anomalías estructurales de los párpados, etc.) se puede romper el equilibrio existente y producirse una proliferación anormal de esta flora y, con ello, la aparición de inflamación.

¿Qué puede originar una conjuntivitis?
Las causas de conjuntivitis son múltiples. Además, debemos tener en cuenta que las conjuntivitis en los pequeños animales rara vez aparecen por si solas sino que, en la mayoría de los casos, la inflamación de la conjuntiva es secundaria a otras alteraciones oculares (ej. inflamación de los párpados o blefaritis) o, incluso, puede estar originada por enfermedades sistémicas (ej. moquillo en los perros). Por ello, cuando se diagnostica una conjuntivitis, el veterinario debe indagar cuál o cuáles han podido ser las causas desencadenantes de la conjuntivitis, con el fin de instaurar un tratamiento específico y eficaz.
Las conjuntivitis debidas a infecciones bacterianas son muy frecuentes. Aparecen cuando el equilibrio existente entre la conjuntiva y la flora microbiana que normalmente habita en ella se altera, permitiendo la proliferación de las bacterias. Generalmente, este tipo de conjuntivitis tiene un origen irritativo, por la presencia de polvo o arenilla en el ojo, por pelos que rozan continuamente sobre la conjuntiva, por una disminución en la producción lagrimal, por alteraciones dermatológicas que originan blefaritis (fotografía 4; Inflamación de los párpados (blefaritis) en un perro que también presentaba conjuntivitis), etc.
En perros jóvenes es relativamente frecuente la aparición de las llamadas conjuntivitis foliculares. Son más evidentes en la época estival y se caracterizan por la presencia de numerosos folículos (tienen la apariencia de pequeñas vesículas) en la conjuntiva (fotografía 5; Presencia de folículos en un perro con conjuntivitis folicular). Estas conjuntivitis pueden reaparecer una vez hayan sido tratadas, sin embargo, tienden a desaparecer a medida que el perro se hace adulto.
Algunas enfermedades sistémicas también pueden provocar conjuntivitis. Aunque, en estos casos, el animal suele presentar también otros síntomas generales; debemos tener en cuenta que, en ocasiones, los síntomas oculares son los primeros que aparecen y pueden alertarnos sobre la posible existencia de una enfermedad sistémica.
En los cachorros, el virus del moquillo puede producir conjuntivitis. Igualmente, en los gatitos, son muy frecuentes las conjuntivitis debidas al virus de la rinotraqueítis. Otras enfermedades que pueden cursar con conjuntivitis son la leishmaniosis y ehrlichiosis en los perros, y la leucemia e inmunodeficiencia en los gatos.
Al igual que en las personas, los perros y los gatos pueden presentar conjuntivitis alérgicas debido a agentes ambientales (ej. polen, determinadas plantas, etc). También pueden cursar con conjuntivitis otro tipo de alergias, como las alimentarias (producidas por la ingestión de determinados alimentos) o las alergias por contacto (ej. originadas por el contacto con determinados productos de limpieza). En estos casos, la participación del propietario puede ser de gran ayuda a la hora de identificar cuál es la posible causa de la alergia. Es importante intentar recordar si el episodio de conjuntivitis coincidió con alguna salida al campo, con la introducción de una planta nueva en la casa, con el empleo de nuevos productos de limpieza, etc. Generalmente, las conjuntivitis de origen alérgico se acompañan de picor (prurito) en la zona de la cara o, incluso, en el resto del cuerpo.

¿Cómo se reconocen las conjuntivitis?
Cuando existe una conjuntivitis, los síntomas que más llaman la atención a los propietarios son el enrojecimiento de la conjuntiva (hiperemia) (fotografía 6; Enrojecimiento de toda la conjuntiva en un perro con conjuntivitis) y la presencia de unas legañas de color blanquecino, amarillento o verdoso (fotografía 7; Abundantes legañas blanquecinas (mucopurulentas) en el curso de una conjuntivitis severa). En ocasiones, antes de que se aprecie estas legañas, puede existir un lagrimeo continuo. Aunque las conjuntivitis no son dolorosas, sí pueden producir alguna molestia, que los animales manifiestan cerrando los ojos algo más de lo normal. En ocasiones, también puede existir picor, en cuyo caso, se suelen rascar la zona de los ojos.
Las conjuntivitis también cursan con otros síntomas que no son evidentes para el propietario, pero que sí aprecia el veterinario en la exploración más detallada del ojo, como es el engrosamiento de la conjuntiva (aparecen múltiples pliegues en la misma) (fotografía 8; Enrojecimiento y engrosamiento de la conjuntiva del párpado inferior (pliegues) en una conjuntivitis) o la presencia de folículos (como pequeñas vesículas) en determinadas conjuntivitis (fotografía 5).
Atendiendo a los síntomas que presentan las conjuntivitis, en un principio puede parecer fácil reconocerlas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la presencia de un ojo enrojecido, incluso acompañado de legañas blanquecinas, no quiere decir que exista una conjuntivitis. Existen determinadas patologías oculares que inicialmente pueden dar el aspecto de una conjuntivitis ligera o moderada y que pueden confundirse. Es el caso de la queratoconjuntivitis seca (disminución de la producción lagrimal), uveítis (inflamación intraocular) o glaucoma (incremento de la presión intraocular). Estas alteraciones, de no ser tratadas adecuadamente, podrían llegar a producir la pérdida de visión de nuestro animal y, por ello, deben ser descartadas antes de realizar un diagnóstico de conjuntivitis. En definitiva, el diagnóstico de conjuntivitis debe realizarse con precaución y siempre por un profesional, teniendo en cuenta la posible implicación de otras alteraciones oculares o, incluso, de una enfermedad sistémica. Por ello, cuando el propietario advierta la presencia de enrojecimiento ocular debe llevar a su mascota al veterinario lo antes posible.
La automedicación puede ser extremadamente peligrosa. El término colirio no implica que todos tengan la misma composición. Existen colirios indicados en unas patologías que pueden agravar otras, con el consiguiente perjuicio para la visión del animal. Además, no existe un tratamiento único para las conjuntivitis, sino que cada tipo de conjuntivitis requiere un tratamiento específico en función de su origen. Por ello, sólo el veterinario debe ser quien determine qué colirio le hace falta a su mascota.
Las conjuntivitis suelen responder bien a los tratamientos y en pocos días los síntomas más evidentes (legañas, enrojecimiento) disminuyen notablemente. Sin embargo, a pesar de la mejoría tan rápida que pueden presentar las conjuntivitis, la suspensión de la medicación siempre debe ser supervisada por el veterinario, ya que, en ocasiones, puede ser necesario mantener el tratamiento hasta 3 ó 4 semanas debido al riesgo de reaparición que presentan algunas conjuntivitis (como las conjuntivitis foliculares).

¿Qué puede hacer el propietario?
Los propietarios pueden mantener limpios los ojos de sus animales lavándolos con suero fisiológico y empleando una jeringuilla (fotografía 9; Lavado del ojo empleando una jeringuilla con suero fisiológico). De esta forma toda la suciedad que pueda haber en la conjuntiva se arrastra con el suero. El uso de agua de manzanilla y de agua con sal para lavar los ojos está muy extendido, sin embargo, en ocasiones, este tipo de soluciones puede ser irritante y, por ello, suele ser mejor emplear suero fisiológico.
En condiciones normales, no es necesario lavar los ojos de los perros diariamente, pero si es recomendable hacerlo después de que el perro haya estado en el campo, en parques con tierra, en zonas de mucho polvo, etc. Hay que recordar que los perros van olisqueando el suelo, se meten por matorrales y escarban en la tierra, por lo que sus ojos se irritan con mucha mayor frecuencia que los nuestros. Si se mantienen limpios, se pueden prevenir algunas conjuntivitis.
Los perros de raza Caniche, Shi-Tzu, Maltés, Pequinés, etc., suelen presentar conjuntivitis crónicas debido al continuo roce de los pelos de alrededor de los ojos sobre la conjuntiva. En estos animales, es conveniente que los propietarios mantengan la zona de los ojos despejada de pelos, ya sea sujetándolos de algún modo o manteniéndolos cortos, para evitar que estén continuamente metiéndose en los ojos.

¿Ante qué síntomas oculares deben alertarse los propietarios?
En la mayoría de los casos, el diagnóstico precoz de las patologías oculares es fundamental para que haya una respuesta adecuada al tratamiento y, así, prevenir la evolución a problemas más graves. Por ello, es recomendable que los propietarios aprendan a identificar determinados signos oculares, ante los cuales deben llevar a su mascota al veterinario.
Muchas alteraciones oculares cursan con menor o mayor grado de dolor ocular (ej. úlceras corneales, inflamaciones intraoculares, glaucomas, irritación producida por pelos que rozan). Los signos que indican al propietario la existencia de dicho dolor son el cierre continuo de los párpados (blefarospasmo), mantener el ojo guiñado y molestia ante la luz (fotofobia) (fotografía 10; Este gato presenta dolor en el ojo que está guiñado). Además, algunos animales se frotan el ojo con la pata o restriegan la cabeza contra el sofá, suelo, etc. al sentir molestias en el ojo.
El enrojecimiento ocular es otro signo que indica la existencia de una alteración ocular. Puede tratarse de una conjuntivitis pero, como ya hemos comentado, también es signo de otras patologías más graves que requieren atención veterinaria inmediatamente (ej. glaucoma, inflamación intraocular) (fotografía 11; Enrojecimiento ocular en un perro con una inflamación intraocular (uveítis)).
Igualmente, la presencia de abundantes legañas o exudado de color blanquecino, amarillento o verdoso es anormal. Indica la presencia de una infección que puede estar asociada a múltiples patologías del ojo, como conjuntivitis, queratoconjuntivitis seca, úlceras, etc.
La presencia de un ojo azul, es decir de una opacidad azulada de la córnea, es otro síntoma ante el cual se debe acudir al veterinario con urgencia, ya que suele ser indicativo de alteraciones intraoculares graves (fotografía 12; Un Ojo azul y enrojecimiento de la conjuntiva en un perro con inflamación intraocular (uveítis)).
La pérdida de visión repentina (en pocos días) suele detectarse porque el animal, de repente, se choca contra los objetos y los muebles. La causa de cegueras agudas es múltiple. En la mayoría de los casos, el diagnóstico precoz de dicha ceguera y de su posible origen es decisivo a la hora de recuperar la visión.
En resumen, el diagnóstico de conjuntivitis debe ser realizado siempre por un profesional, ya que el enrojecimiento ocular no sólo es signo de conjuntivitis, sino también de otras patologías más graves que podrían poner en peligro la visión del animal. Igualmente, es el veterinario quien debe indicar qué colirio es el más adecuado en cada caso y supervisar la suspensión del tratamiento.